Hay personas que llevan años diciendo que no saben bailar. Algunas aseguran que no tienen ritmo, otras que son demasiado tímidas, que les falta coordinación o que ya tienen una edad en la que no merece la pena empezar.
Y luego están las que, cuando suena una canción, no pueden evitar mirar a quienes están bailando y pensar: «Qué bien se lo pasan… pero yo no valgo para eso».
Vamos a empezar por algo: bailar no es para todo el mundo. Y no pasa absolutamente nada. No tiene por qué gustarte, ni tienes que convertirlo en una afición, ni mucho menos demostrar nada a nadie.
Pero hay una pregunta que merece la pena hacerse: ¿realmente no te gusta bailar o llevas tanto tiempo pensando que no sabes hacerlo que nunca te has dado la oportunidad de descubrirlo?
Porque una cosa es que no te guste y otra muy distinta es que hayas decidido que no es para ti antes siquiera de intentarlo.
Aprender a bailar: equivocarse forma parte del camino.
Vivimos acostumbrados a querer resultados rápidos. Nos gusta aprender, mejorar y notar que avanzamos.
Pero no siempre llevamos demasiado bien esa parte del proceso en la que las cosas no salen.
Y en el baile ocurre exactamente lo mismo.
Entras en tu primera clase, intentas seguir los pasos, te equivocas, te adelantas a la música, te pierdes cuando cambian de dirección y, en algún momento, piensas que aquello no es lo tuyo.
Pero ¿qué esperabas?
Nadie empieza dominando algo que nunca ha practicado. Al principio vas a equivocarte, y bastante. Confundirás pasos, olvidarás movimientos y habrá momentos en los que no sabrás ni por dónde empezar.
Es completamente normal.
Aprender a bailar requiere tiempo, práctica y paciencia. No todos avanzan a la misma velocidad, ni tienen las mismas facilidades, ni necesitan el mismo tiempo para sentirse cómodos.
El problema no está en equivocarse. El problema es pensar que equivocarse significa que no sirves para bailar.
Si aceptas que al principio no todo va a salir bien, ya habrás superado una de las barreras más importantes para empezar.
«Yo es que no tengo ritmo»
Esta es probablemente una de las frases más repetidas por quienes nunca se han atrevido a probar una clase de baile.
Y tenemos una pregunta: ¿cómo sabes que no tienes ritmo si nunca lo has entrenado?
Es cierto que hay personas que tienen una facilidad natural para reconocer los tiempos musicales, seguir una melodía o coordinar sus movimientos. Pero eso no significa que el ritmo sea una capacidad reservada a unos pocos.
La musicalidad, la coordinación y la capacidad de interpretar la música también se trabajan y se desarrollan con la práctica.
Aprender a reconocer los tiempos, identificar los acentos de una canción, escuchar los cambios musicales y trasladar todo eso al movimiento forma parte del aprendizaje.
Quizá al principio te cueste distinguir dónde empieza un paso o cómo mantenerte dentro de la música. Pero eso no significa que no tengas ritmo. Significa que todavía estás aprendiendo a utilizarlo.
Así que antes de ponerte esa etiqueta, quizá deberías comprobar si realmente es así.
La vergüenza también viene a clase contigo
Hay personas que no tienen ningún problema en probar actividades nuevas, pero que sienten auténtico pánico cuando tienen que hacerlo delante de otras personas.
Y lo entendemos.
Entrar en una academia por primera vez, encontrarte con gente que ya sabe bailar, no conocer a nadie o pensar que los demás van a fijarse en tus movimientos puede resultar bastante incómodo.
Pero hay algo que quizá no has tenido en cuenta: todo el mundo empieza haciendo cosas que no le salen.
Incluso quienes hoy bailan con soltura tuvieron sus primeros días. También se equivocaron, se perdieron, confundieron los pasos y tuvieron que repetir muchas veces los mismos movimientos.
No tienes que llegar a una clase demostrando nada. No tienes que saber hacerlo, porque precisamente vas para aprender.
Y, con el tiempo, muchas de esas cosas que al principio te daban vergüenza dejan de tener tanta importancia. Empiezas a concentrarte en la música, en los movimientos y en disfrutar de lo que estás haciendo.
No necesitas dejar de ser tímido para empezar a bailar. Puedes empezar siendo tímido y dejar que la experiencia haga el resto.
¿De verdad eres demasiado mayor para empezar a bailar?
¿Quién decidió eso? Porque nosotros no hemos firmado ese acuerdo.
A veces parece que para aprender algo nuevo existe una edad límite. Como si determinadas actividades estuvieran reservadas a una etapa concreta de la vida y, una vez superada, hubiera que descartarlas.
Pero ¿por qué?
No necesitas haber bailado desde pequeño, ni haber tenido una formación artística, ni estar en una determinada etapa de tu vida para empezar.
Cada persona tiene sus circunstancias, sus capacidades y sus propios objetivos. Habrá quien quiera aprender salsa, quien prefiera bachata, quien se interese por los ritmos urbanos y quien simplemente busque una actividad diferente para salir de la rutina.
No todos buscamos lo mismo y no todos tenemos que llegar al mismo sitio.
Lo importante es encontrar una actividad y un nivel adecuados para ti, disfrutar del aprendizaje y avanzar sin exigirte lo que no tiene sentido exigirte.
A bailar se empieza cuando te apetece. No cuando alguien considera que tienes la edad adecuada.
No te compares con quien lleva años bailando
Imagina que llegas a tu primera clase y ves a alguien que se mueve con soltura, conoce los pasos, interpreta la música y parece tenerlo todo controlado.
Y entonces empiezas a compararte.
Miras lo que hace esa persona, miras lo que haces tú y llegas rápidamente a una conclusión: nunca voy a bailar así.
Pero hay un pequeño detalle que estás pasando por alto.
No te estás comparando con esa persona. Te estás comparando con el resultado de su camino.
Estás viendo lo que ha aprendido después de meses o años de práctica, mientras tú todavía estás dando tus primeros pasos.
Es una comparación bastante injusta, ¿no crees?
Tu referencia debería ser tú mismo. Lo que hoy te cuesta, lo que la semana pasada no conseguías hacer y lo que poco a poco empieza a salirte mejor.
Habrá avances que notarás enseguida y otros que tardarán más en llegar. Pero cada pequeño progreso cuenta.
No necesitas alcanzar el nivel de nadie para disfrutar bailando. Necesitas permitirte tener tu propio proceso.
Entonces, ¿para quién es bailar?
Para quien tenga ganas.
También para quien acepte que al principio algunas cosas no saldrán como esperaba y esté dispuesto a aprender, a equivocarse, a repetir y a descubrir poco a poco de lo que es capaz.
Para quien quiera conocer gente, desconectar de la rutina, disfrutar de la música o simplemente regalarse un rato diferente a la semana.
Y también para quien no tenga un objetivo concreto, más allá de pasarlo bien.
No hace falta ser especialmente habilidoso, tener experiencia previa ni reunir unas condiciones determinadas. Tampoco hace falta aspirar a bailar profesionalmente o participar en espectáculos.
A veces basta con tener curiosidad y ganas de probar.
En Labuenavibra vemos cada día que las personas llegan con experiencias, edades, niveles y expectativas diferentes. Algunas ya han bailado antes y otras empiezan completamente desde cero. Cada una tiene su propio recorrido, y eso forma parte de lo bonito de compartir una clase.
Quizá llevas demasiado tiempo pensando que no es para ti
Así que sí, bailar no es para todo el mundo.
Pero quizá llevas demasiado tiempo pensando que tú no eres una de esas personas.
Quizá has utilizado la falta de ritmo, la vergüenza, la edad o el miedo a equivocarte como razones para no intentarlo. Y puede que ninguna de ellas sea realmente un motivo para descartarte.
No tienes que decidir ahora si el baile va a convertirse en una parte importante de tu vida. Tampoco tienes que prometer que vas a hacerlo bien.
Solo tienes que darte la oportunidad de descubrirlo.
Porque hay cosas que no sabes si te gustan hasta que las pruebas. Y hay otras que no sabes que eres capaz de hacer hasta que empiezas.
Bailar no es para todo el mundo. Pero quizás sí sea para ti.
Y eso, afortunadamente, todavía puedes descubrirlo. Contáctanos para probar una clase y descubrirás que bailar si es para ti
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